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Antonio, Hasta Siempre

Antonio, te has ido para siempre y te has ido sin avisar... llevabas mucho tiempo diciendo que no llegarías a los 60 y así ha sido, pero nadie lo esperaba. Te ha sido sin hacer ruido, como te ibas de nuestra Casa de Hermandad en las noches de "pescaito".Seguro que ahora estas ya gozando de la plenitud eterna. El Señor te ha llevado al cielo para que enseñes a los ángeles a rachear los pies como buenos costaleros.

Habrás llegado al cielo con tu túnica blanca inmaculada y tu escapulario azul pavo -¡que te gustaba esa tonalidad azul!- y con la medalla de la Archicofradía al cuello. Andando como perdido, deambulando, guiando tu mirada hacia todos lados, observando todo lo visible a tu alrededor, habrás llegado a la mismísima puerta del Cielo, levantando tu mirada hacia arriba y hacia abajo y mascando tu inserparable chicle, habrás pensado asintiendo con la cabeza y haciendo el gesto afirmativo -por esta puerta si sale un paso, tanto de alto como de ancho y seguro has exclamado:

-¡así tenía que haber sido la puerta de nuestra parroquia para poder sacar un palio!-

Justo en ese mismo momento ha salido San Pedro y habrás observado en su mirada el gesto de un hombre bueno, dándote la bienvenida con calidez e invitándote a pasar. Como con miedo has dado los primeros pasos en el Cielo y sin saber cómo, han aparecido, aquellos archicofrades que te precedieron para darte la bienvenida y hacerte del cielo un trozo de Heliópolis.

El primero que ha salido a tu encuentro y que te ha llamado con su voz ronca, ha sido tu padre, con el que te fundes en un abrazo. Él con lágrimas en los ojos, te ha preguntado por tu madre y por todos tus hermanos, por la Archicofradía y por el Baratillo.

También ha salido Paco Reina, que venía con el Niño Jesús del Corazón de María cogido de la mano, dándote un abrazo eterno y diciéndote ¡Oh Dulce Corazón de María!, tú, nervioso, le has respondido: D. Francisco, siempre ¡Sed la salvación mía!

Detrás de él llegó corriendo Rafael Narváez, junto a Salvador Dorado "El Penitente", ¿te acuerdas de los ensayos que hicimos con él en la parihuela del Corazón de María, donde el grupo joven nos metimos por primera vez bajo unas trabajadoras?, ¡qué de cosas nos enseñásteis entre los que ya salíais de costalero y El Penitente!, y los dos en voz alta te han dicho, -Antonio vas a ser el listero de la cuadrilla de ángeles del cielo que hemos formado-.

Tu cara de sorpresa ha ido en aumento, cuando ha llegado, Emilio Delgado con Manolo Díaz, y detrás de ellos Manolo Santiago que te gritaba desde lejos:

-¡niño!, antes de ser listero, vas a coger la pata y enseña a este ángel del cielo a llevarla-

Tú corazón se iba hinchando de felicidad, al ver que el cielo era un junio perenne en tu barrio de Heliópolis.

Pedro Arriola, con cara de asombro ya que no te esperaba tan pronto, te ha invitado a rezar un rosario en honor del Inmaculado Corazón de María.

Julio Cox, se ha acercado a ti y suspirando te ha dicho que ya tiene más ayuda para montar el paso de Virgen.

También llegó José Carlos Campos Camacho, preguntando por la marcha de la Casa de Hermandad, y el General Martín Prats y González Vallarino y Juan Delgado Alba, preguntando muy sorprendidos cómo ha crecido tanto la Archicofradía desde que ellos fueron Hermanos Mayores.

Con los nervios a flor de piel, junto a una fuente de agua cristalina con tres palmeras, te has sentado con todos ellos y has ido explicando que ellos nos enseñaron, durante su estancia en la tierra, como debíamos amar a nuestros Benditos Titulares y que supieron trasmitir a los más jóvenes la devoción al Inmaculado Corazón de María y que esa devoción está intacta en el barrio. A los más antiguos le has explicado que tú, junto con algunos más, os encargasteis de que la Virgen del Amparo llegara hasta nuestra parroquia, allá en el año 1986 y que entonces planteasteis la idea de hacer un Cristo Nazareno para construir la faceta penitencial de la hermandad... que poco a poco y recogiendo periódicos todos los sábados para venderlos depués, junto a un grupo de jóvenes, pudimos encargar la hechura del Santo Cristo de La Misión y que a partir de ahí hemos ido creciendo y creciendo, hasta poder vestir la túnica nazarena por primera vez hace ahora 10 años. Seguiste explicando que hemos podido construir una casa de hermandad, que hace unos años ni soñábamos y que la Archicofradía goza de una salud espléndida. Que faltan cosas por hacer pero que poco a poco se irán consiguiendo (cuantas ganas tenías de ver a tu Virgen del Amparo bajo palio).

Antonio, goza ya del cielo, disfruta de la presencia real de la Virgen del Amparo. Aquella que tanto amabas en la tierra ya la tienes siempre para tí. Pídele por todos nosotros.

Cuándo veas al Inmaculado Corazón de María, póstrate ante Ella y suplícale que no nos abandone nunca, dile que mientras haya un archicofrade en la tierra Ella será la Señora de Heliópolis.

Y cuando entre tus dos Madres del cielo, Amparo de tu Corazón Inmaculado, te lleven ante Él, ante el Cristo de La Misión, míralo a los ojos, comprueba como la mirada de Dios traspasa tu corazón, y arrodillándote dile:

- Santo Cristo de La Misión, ante Ti me presento, a Tu llamada he acudido dejando todo en la tierra. Ruega por mis hermanos, por mi familia y por mi barrio de Heliópolis.

Antonio, descansa ya para siempre en la paz del Señor y disfruta del cielo. ¡Un abrazo fuerte hermano y hasta siempre!

¡Oh Dulce Corazón de María!

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Boletín nº 97

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